Perú

     
 

Después de un día de conducción tan extraño y sin cruzarnos con coches circulando, llegamos por la tarde a la frontera de Ecuador con Perú. En la frontera nos comentan que nos hemos pasado el control de inmigración y nos dicen que tenemos que dar la vuelta para sellar el pasaporte. De vuelta en la Aduana completamos los papeles con la ayuda de un pesado que no deja de darnos el coñazo para sacarse una propinilla. Cuando nos vamos le damos algo y nos increpa porque dice que quiere más, por suerte las decenas de personas que rodean las motos nos dicen que no le damos nada y le dicen que no sea pesado. Por fin estamos en Perú. Lo primero que nos llama la atención es la gran cantidad de moto-taxis que circulan. Son motos de escasa cilindrada con dos ruedas detrás que soportan un asiento para dos personas. Hay cientos por todas partes y conducen a saco. El descenso por la costa peruana discurre por paisajes desérticos de arena y piedra. Tras pocos kilómetros ya estamos cansados del mismo aburrido paisaje. Antes de llegar a Trujillo hicimos escala en Piura. Allí dos chicas muy simpáticas, después de seguirnos por la Plaza de Armas, se acercaron a hablar con nosotros en la oficina de turismo. Mª José y Magali nos hicieron de guías en la ciudad y nos invitaron a cenar en su casa. Nos prepararon unos espaguetis deliciosos, nosotros pusimos las cervezas.

   Nuestro siguiente destino en la costa peruana era la ciudad colonial de Trujillo. A 15 minutos de la ciudad está Huanchaco y allí pasamos dos noches en un hospedaje para viajeros al borde de la playa. Huanchaco es una pequeña y tranquila población en la costa que cuenta con unas playas increíbles. Es famosa por sus "Caballitos de Totora", pequeñas canoas de caña que todavía hoy utilizan a diario los pescadores para faenar. Desde aquí visitamos Trujillo y aprovechamos para cambiar los neumáticos de la Africa Twin. Dejamos la moto en un taller bastante cutre y toda la mañana estuvimos pensando si cuando volviésemos seguiría la moto allí. El cambio de ruedas nos salió gratis, ya que una persona de las que estaba por allí se interesó por las ruedas gastadas y se empeñó en que se las vendiésemos, así que se las vendimos por lo que nos costaba el cambio de ruedas unas 500 pesetas, 3 euros. Trujillo es una ciudad de ambiente colonial que cuenta con una muy agradable y espaciosa Plaza de Armas. Se disputa con Arequipa el puesto de segunda ciudad en número de habitantes por detrás de Lima. A pesar de ello se respira cierto aire de ciudad más pequeña. Como muchas otras veces durante este viaje, nos marchamos de Huanchaco con ganas de haber pasado mas tiempo allí.

Partimos con la idea de abandonar pronto la costa y adentrarnos en una zona totalmente diferente del Perú, el Callejón de Huaylas en la Cordillera Blanca. El contraste de paisajes es brutal entre el desierto arenoso de la costa y la alta montaña con picos por encima de 6.000 metros. Hablando con gente de allí decidimos que ruta utilizar para entrar en la Cordillera, se puede entrar por carretera asfaltada, pero entoces tendríamos que hacerla de entrada y de salida. Entramos por una ruta sin asfaltar, sin tráfico y con unos paisajes inolvidables. En la ciudad costera de Chimbote tomamos el desvío hacia el interior. Pronto abandonamos el asfalto y empezamos a rodar por pista de arena y piedra, el tráfico era inexistente y enseguida empezamos a ganar altura. En un par de horas llegamos a Pampanomás, una pequeña aldea en las montañas. Nada más parar nos rodeó un grupo de niños haciéndonos todo tipo de preguntas. La expectación en la aldea era enorme, no habían visto personas de fuera pasar por allí en mucho tiempo. En una de las primeras casas del pueblo preguntamos a una señora donde podíamos comer algo, nos miró y nos dijo que allí mismo. Rápidamente nos preparan una mesa y nos sentamos. Muchos de los niños entran en la casa y siguen preguntando de todo mientras comemos. Alucinan con la cámara digital al enseñarles en la pantalla las fotos que les acabábamos de hacer.

La señora aparece con un par de platos de sopa que entran solos, aunque tenemos que luchar duramente con las moscas. De segundo nos trae unos huevos con papas, que sería lo último que comeríamos durante las siguientes 24 horas. Nos despedimos de todos y seguimos ruta por la pista. A medida que ganábamos altura el tiempo se iba complicando, empezó a llover embarrando el camino. Los paisajes de montaña eran increíbles, solo nos cruzábamos de vez en cuando con pastores y habitantes indígenas de la zona vestidos con sus coloridas ropas.

Al dar una curva nos encontramos con un desprendimiento que cortaba la pista. De una en una y con mucho cuidado, pasamos las motos como podemos, orgullosos de haberlo logrado y pensando que somos la leche, continuamos por la pista que se sigue complicando. A los cinco minutos llegamos a otro desprendimiento imposible de pasar. Oh! Oh!, se complica la aventura, media vuelta y a pasar otra vez por el anterior desprendimiento. Queda una hora de luz, hay una intensa niebla y apenas vemos a tres metros, no tenemos ni idea de por donde seguir, hace muchísimo frío y Jaime se encuentra fatal del estómago debido a la altura. Se hace de noche y no podemos seguir, ponemos la tienda en la misma pista. Estamos a 4.000 metros y hace un frío que pela, montamos la tienda y directos al saco, mañana será otro día. Por suerte amanece despejado aunque muy frío, Jaime ha pasado un infierno de noche y está hecho polvo. Después de 4 horas conseguimos llegar a Caraz ya en el Callejón de Huaylas. Durante el recorrido pasamos a 4.500 metros de altura y disfrutamos de unas vistas maravillosas de los dos picos mas altos de la Cordillera, el Huascarán (6.800 metros) y el Alpamayo (5.950). Han sido 200 increíbles kilómetros de pista desde la costa. Lo primero que hacemos al llegar a Caraz es llenar la panza, no hemos comido nada en la últimas 24 horas y hay bastante hambre. Durante el espectacular recorrido por el Callejón tenemos la Cordillera Blanca a nuestra izquierda y la Cordillera Negra a la derecha. Visitamos las lagunas de Llanganuco, agua verde esmeralda rodeadas de picos nevados que nos ofrecen un paisaje único.

La ciudad más importante de la zona es Huaraz. En temporada alta se llena de escaladores de todo el mundo que vienen a disfrutar escalando sus montañas. La carretera que va hasta la costa es de lo mejor que hemos hecho en moto. Primero paisajes de alta montaña, lagunas y altísimos picos; luego cambia a medida que bajamos hacia la costa, profundos cañones de roca y temperaturas ascendiendo nos llevan de vuelta al Pacifico y su costa desértica de dunas. Durante el trayecto nos adelanta a gran velocidad una patrulla de la Policía obligándonos a detenernos en el arcén. Nos quieren multar por un supuesto exceso de velocidad al pasar por un pueblo. Sin bajarse del vehículo y con las ventanillas bajadas, charlamos un rato con ellos uno por cada ventana, después de un tiempo de amigable conversación como si fuésemos familia, insisten una y otra vez en que nos deben multar pero no se deciden a ello. Al rato abandonan sus intentos de sacarnos algo de dinero y lo único que nos piden ya es que les paguemos la gasolina que gastaron hasta que consiguieron alcanzarnos, o algún detallito para ellos, como por ejemplo la camiseta del Real Madrid que nos pedían. Nos despedimos de ellos sin poderles ofrecer nada y sin ser multados pero con una nueva amistad hecha.

Lima nos recibe con un super atasco de entrada que no nos permite circular en absoluto, la gente de los coches nos advierten que esta zona es peligrosísima y que tengamos cuidado porque nos van a robar todo, vaya recibimiento!!! Preguntamos a un coche de Policía y los agentes nos dicen que no nos despeguemos de ellos y que les sigamos, y tras abrirnos paso entre el atasco con las sirenas encendidas, nos conducen a una zona más tranquila de la ciudad. Cuando circulábamos buscando un albergue, de repente, se nos pone un Mitshubishi al lado pitando y preguntándonos si éramos españoles. Paramos para hablar con ellos y así conocimos a Patty y a Tony, nuestros anfitriones durante la estancia en Lima. Son dueños de la cadena de pizzerías D nno´s con más de diez establecimientos en la ciudad. Acababan de estar en España y tenían intención de irse a vivir a Madrid, en el último correo que recibimos nos confirmaban su intención. Para celebrar nuestro encuentro nos invitaron a uno de sus locales, allí disfrutamos de unas excelentes pizzas artesanales acompañadas de una sangría fresquita.

Tras pasar la primera noche en un albergue de Lima, nos llamaron a primera hora de la mañana para invitarnos a pasar el resto de días en su casa. Pasamos tres increíbles días con ellos y con sus tres hijos, comimos y dormimos como hacía tiempo y nos enseñaron la ciudad. Pudimos visitar entre otros lugares la Plaza de Armas, en la cuál recientemente habían estado los Reyes de España de visita, y que posee una gran belleza. En Lima nos hicieron un reportaje para la revista "Ruedas y Tuercas", magazine dominical del mundo del motor que acompaña al periódico de mayor tirada del país. El día de la despedida amanecimos un poco perjudicados. Habíamos salido la noche anterior con Jessica y sus amigas. A Jessica la conocimos en la costa de Ecuador y quedamos en llamarla cuando pasáramos por Lima. Si en Cali acabé subido en un escenario bailando la "Mayonesa" delante de 500 harlistas, aquí me engañaron para participar en un concurso de beber cerveza. Casi me estalla la barriga pero gané, el premio, más cerveza!!!

Después de otro super desayuno con nuestra familia peruana y con mucha pena nos despedimos de ellos y pusimos rumbo hacia el sur. Paisajes desérticos de dunas nos acompañan hasta Ica. Nuestro paso por Nazca fue fugaz, el tema de las líneas de Nazca no nos interesaba mucho y además para verlo bien hay que hacerlo desde el aire. El calor aquí era asfixiante y ya teníamos ganas de comenzar la ascensión hasta Cuzco que nos llevaría tres días. En solo 80-100 kilómetros ya estabamos a una altura de 3.000-4.000 metros y alucinando con nuestro primer contacto con el altiplano. Los paisajes de ensueño, las carreteras perfectas y sin tráfico y la compañía de grupos de vicuñas hicieron que no pudiéramos parar de tomar fotografías y video. Se nos hace tarde, se oculta el sol y la temperatura cae de forma drástica obligándonos a parar a ponernos mas ropa. Los espectaculares colores del atardecer en el altiplano hacen que nos olvidemos del intenso frío. Los últimos 30 kilómetros hasta Challhuanca los hacemos de noche. Por anteriores viajeros sabíamos que el pueblo era realmente cutre. Nos alojamos en uno de los dos hospedajes del pueblo, en el baño compartido por las 25 habitaciones daba asco entrar hasta con botas. Qué pena de final para un día tan increíble!!!! La carretera a Cuzco era todo pista de tierra hasta Abancay y asfalto desde aquí, teníamos intención de llegar en un día. Al principio la pista no estaba mal aunque había bastante tráfico de camiones y autobuses sin el más mínimo respeto por las motos. La cosa se fue complicando a medida que nos acercábamos a Abancay, la pista estaba muy deteriorada y rodar por encima de 30 km/h era un suplicio para las motos y para nosotros, parecía que la moto se iba a desmontar. Al pasar por Abancay nos damos cuenta de que llegaríamos de noche a Cuzco y decidimos quedarnos allí.

Por fin hoy llegaríamos a Cuzco, los primeros 35 kilómetros de subida nos ofrecen una bonitas vistas de Abancay, a partir de aquí, la ruta transcurrió paralela al río Apurimac con un color rojizo curiosísimo. En Cuzco pasamos un par de días antes de subir a Machu Pichu. Nos gustó muchísimo y no nos extraña la cantidad de gente que conocimos que llegó de visita y había decidido quedarse a vivir allí. La espectacular y espaciosa Plaza de Armas denota la gran influencia de la colonización española durante tiempos pasados. Destaca en la Plaza la Catedral y la Compañía de Jesús. Al llegar conocimos a un Policía, Quique, que no se separó de nosotros hasta que nos instalamos definitivamente y guardamos las motos, no quería que nos ocurriese nada, incluso venía a despertarnos al hostal y a darnos los buenos días. Para visitar Cuzco hay que armarse de paciencia para soportar a la gran cantidad de niños que venden cualquier cosa para ganarse la vida. Dando una vuelta por la ciudad conocimos a Diego, un Argentino de Buenos Aires, y a un par de chicas francesas, Cecilia y Lucía, con las que compartiríamos el día siguientevisitando las ruinas de Machu Pichu. Quedamos a las 5 de la mañana en la estación para coger el tren que nos llevaría a Aguas Calientes. El viaje cuesta 30$ US, un auténtico robo si lo comparamos con los 5$ US que cuesta el tren de los locales que hace el mismo recorrido. Eso sí, no puedes ir en el tren de los locales si no eres peruano, una discriminación bastante penosa. Lamentablemente todo lo que rodea Machu Pichu se ha convertido en un negocio, incluso han construido un hotel de lujo a los pies de las ruinas. No hay camping para viajeros pero si hotel de lujo, que triste, incluso aquí el dinero manda.

Después de un recorrido espectacular de cuatro horas en tren llegamos a Aguas Calientes. Encontramos un pequeño hostal recién construido donde pasaríamos la noche. Ya ubicados, aprovechamos la tarde para visitar los relajantes baños termales y para dar una vuelta por la empinadísima calle principal. Al día siguiente, a las 6 de la mañana, nos subimos en el autobús que nos llevaría hasta las ruinas. Aunque habíamos visto documentales en TV, el estar allí era una auténtica pasada. Aprovechando que estábamos frescos nos lanzamos al ascenso del Wuayna Pichu, el monte desde el que por su altura y proximidad, se tienen unas magníficas vistas de todo Machu Pichu. Nos llevó una hora el ascenso, pero al llegar arriba había merecido la pena, disfrutamos dos horas nosotros cuatro solos, antes de que llegara más gente. Mientras bajábamos nos cruzamos con mucha gente en pleno ascenso.

Para recuperar fuerzas nos hicimos un picnic en la pradera que está en el centro de las ruinas Incas de Machu Pichu. Rodeados de llamas y de las ruinas disfrutamos aquel momento. Mientras Lucía y Cecilia se quedaron tomando el sol, Jaime y yo subimos a otro punto desde dónde disfrutamos de otra increíble panorámica. Cuando volvemos de nuestra pequeña excursión las francesitas están un poco achicharradas de tanto sol, y están un poco moscas porque las habíamos dicho que iba a ser un momento y tardamos un par de horas, C´est la vie !!! La visita a Machu Pichu había sido una pasada, además el tiempo nos acompañó con un sol radiante durante todo el día. Por si hubiéramos tenido poco durante el día decidimos bajar a pata hasta Aguas Calientes, casi perdemos el tren a Cuzco que salía a las 16:30. Nada más entrar en el tren empezamos a quedarnos dormidos uno tras otro y así el viaje de vuelta a Cuzco se pasó rápido.

Aprovechamos nuestro último día para hacer una ruta en moto por el Valle Sagrado. Nos despedimos de nuestras amigas francesas y quedamos en vernos otra vez para el Fin de Año en Santiago de Chile. La ruta por el Valle Sagrado discurrió por unos paisajes de ensueño, pasamos por pueblos muy interesantes pero la verdad es que después de la paliza de ayer tenemos el cuerpo para poco trote. Incluso en las ruinas de Ollantaitambo, cuando vimos todos los escalones, nos conformamos con verlas desde abajo. En la ruta de vuelta pasamos por Urubamba y alucinamos con los nevados que nos rodeaban. Llegamos ya de noche a Cuzco y empezó a caer una leve llovizna. Al pasar por la Plaza de Armas conocimos a un madrileño, José Manuel, y quedamos para más tarde en su casa para tomarnos unas cervecitas. Junto con otros dos españoles nos contaba como hace unos años llegó de visita para hacer la objeción y que después decidió quedarse y montar un negocio de aventura en la selva. Que pena no haberles conocido antes, al día siguiente partíamos hacia el Lago Titicaca. Nos levantamos con mucho ruido y gritos de protesta en la calle, era la huelga de la llevábamos oyendo hablar hace unos días. Nos dijeron que era peligroso salir y que esperásemos hasta mañana pero queríamos llegar a Bolivia antes de la época de lluvias y cada día era importante. Entre cristales, neumáticos quemados, piedras, troncos y barricadas salimos con cuidado de Cuzco. Ya en la carretera los bloqueos se suceden; en la mayoría de ellos y después de hablar con los piquetes y explicarles que somos viajeros sin nada que ver, nos dejan pasar abriéndonos paso como podíamos. Al llegar a Sicuani la cosa tenía peor pinta, nos recibe gran cantidad de personas con piedras en las manos y sin ninguna intención en dejarnos pasar. Amenazan con rajarnos las ruedas si intentábamos pasar. La situación es más tensa que en los bloqueos anteriores y no nos quieren dejar pasar bajo ningún concepto. Después de quince minutos hablando con el "jefecillo" de los piquetes nos dejan pasar y nos abren paso entre los cristales, troncos, piedras etc que bloqueaban la carretera. Nos comentan que éste es el último bloqueo en las carreteras en dirección al lago Titicaca.

A partir de aquí ascendemos al altiplano andino y empezamos a disfrutar de espectaculares paisajes y a sufrir un descenso de la temperatura muy brusco. El paso del "Abra la Raya" a 4.340 metros es una pasada. El impecable asfalto nos lleva sin problemas al caos de la ciudad de Puno a orillas del Lago Titicaca. Desde Puno visitamos las islas flotantes de los Uros y la isla de Taquile. Los Uros eran muy curiosos, son islas de paja o caña que flotan en el lago y que eran utilizadas por los pescadores. En la actualidad están dedicadas a la venta a los turistas de productos artesanos. Era muy extraño caminar por ellas sintiendo como se hundían los pies. Durante otras tres horas de trayecto en barco hasta la Isla de Taquile disfrutamos de toda la belleza del Lago Titicaca y conocimos a Anuska, una periodista española de Sabiñañigo que, después de una larga temporada viviendo y trabajando en Lima, se volvía a España. Pasamos todo el día con ella hablando de viajes y aventuras. La isla de Taquile era muy tranquila y casi con más turistas que habitantes, mereció la pena la visita aunque la subida de 500 escalones estando a 4.000 metros de altura se hizo un poco dura y nos faltaba el oxígeno. Después de casi 20 días en Perú recorrimos los últimos 150 kms. hasta Copacabana en la frontera con Bolivia. Durante todo el trayecto íbamos rodeando el inmenso Lago Titicaca, que es el lago más grande de América del Sur situado a más de 3.800 metros de altitud.