Ecuador

     
 

El siguiente país al que entramos fue Ecuador. El paso fronterizo de Colombia a Ecuador fue rápido y como en las fronteras de Sudamérica no pagamos nada por cruzarla. Tardamos poco tiempo pero por suerte cruzamos, porque justo empezaba un partido de fútbol de la selección ecuatoriana y los agentes de migración se marchaban a verlo. Para entrar a Ecuador nos pidieron el carné de paso para las motos, que no teníamos. No hubo ningún problema y pasamos rápido sin problemas, nos sellaron los datos de la moto en el pasaporte y listo. La primera noche la pasamos cerca de la frontera en una ciudad llamada Tulcán, en la que sólo estuvimos esa noche, ya que no tenía ningún sitio de interés para visitar. De Tulcán paramos en Otavalo. Antes a llegar a Otavalo pasamos por la laguna de Cuicocha rodeada por el volcán Cotacachi. Al borde de la laguna comimos y estuvimos como un par de horas antes de continuar hacia Otavalo. En Otavalo buscamos un alojamiento barato que nos salió por 5 dólares la habitación como 900 pesetas más o menos y menos de 6 euros. Por la mañana visitamos la ciudad y el mercado que había todos los días, un mercado sobre todo textil y de artesanía, aunque podías encontrar también fruta, verdura y algunos alimentos. Otavalo esta ubicado en un valle entre varios volcanes visibles desde cualquier punto del pueblo si el día esta despejado.

   Abandonando Otavalo a poca distancia de allí se encuentra un pequeño pueblo llamado San Pablo, dónde paramos a desayunar a las faldas de otro volcán impresionante, el Imbabura. San Pablo dista poco de la ciudad de Quito por lo que llegamos sobre las 15:00 h de la tarde. Lo primero que hicimos es buscar por toda la ciudad algún sitio en el cuál nos pudiesen reparar la cámara de fotos que días antes se estropeó, o se mal logró, que dicen los locales. No tuvimos suerte con la cámara y entonces probamos con el tema ruedas para la Africa Twin que necesitaba el neumático trasero. En una tienda Racing Parts probamos suerte y nada no tenían la rueda, pero conocimos en el taller a Carlos y a Pablo, que nos acompañaron en sus motos a buscar el Hostelling Internacional dónde nos alojamos. Con ellos quedamos luego para tomar algo.

En el Hostelling conocimos a un amiguete chino o japonés, lo dejamos en oriental y ya está, que llevaba esperando su moto, que venía de Panamá, como más de dos semanas. Se pasaba todo el día leyendo y abriendo la puerta a quién llegaba, era parte del Hostelling. Después de cenar y tomar una cervecita, lo de siempre, "...no nosotros estamos algo cansados de la moto, nos iremos a dormir seguramente porque mañana...", al final fuimos a un pub hasta que nos echaron. Las calles de la zona por la que estábamos alojados, pese a ser una zona buena, estaba llena de guardas de seguridad por las noches. Eran como porteros de discoteca sin uniforme y todos con perros rottweiler.

Al día siguiente continuamos con el tema de la cámara de fotos y una persona nos recomendó a José María, que se dedicaba a reparar cámaras fotográficas desde hace tiempo. Le localizamos y nos dijo que su padre era de Bilbao, que tenía pasaporte español y además se llamaba, José María García como su padre y como mi padre y mi hermano. Después de esas coincidencias y de ese buen rollo inicial, a ver si nos reparaba la cámara qué era lo importante. Se la dejamos y fuimos al centro de Quito para conocer la ciudad. Subiendo hacia la Plaza de la Independencia, por una zona de mercado, una niña de unos 16 años nos intentó robar, rajándonos el bolso que llevábamos con una navaja. Jose se dió cuenta y la niña se hacía la tonta y se fue intentando robar a otras personas. Cuando se lo comunicamos a la policía, toda la gente de por allí gritaban defendiendo a la niña, un loco se puso a llamarnos gringos y gritaba ¡¡ Viva Bin Laden!!, la gente estaba un poco mal de la cabeza.
 

Continuamos por la Plaza dónde estaba el Palacio de Gobierno y la Catedral, en la que entramos posteriormente. Entre otros lugares visitamos la Plaza de Santo Domingo, La Plaza de San Francisco y entramos en la Iglesia de San Francisco, la cuál era bastante bonita. Tras permanecer unas horas por el centro de Quito regresamos en el tarde a la zona del Hostelling, y dedicamos el resto del día a lavar ropa, conectarnos a internet,etc, y más tarde visitamos el pub del otro día otro ratito. A la salida de Quito se encuentra el volcán Cotopaxi. A la mañana siguiente quedamos con algunas personas que nos acompañaban a desayunar con sus motos y a visitar el Cotopaxi. No hubo suerte ya que el volcán estaba tapado por las nubes y no pudimos verlo con claridad, pero el desayuno estuvo muy bueno.
 

Cuando fuimos a buscar nuestra cámara, malas noticias nuestro amigo José María García no pudo repararla, así que tuvimos que hacer el esfuerzo de comprar otra igual, para no continuar el viaje sin cámara, y aunque nos salió algo cara, pensamos venderla en Madrid a la vuelta. Supuso un duro golpe para la economía del viaje. Mientras la buscábamos aprovechamos a que la mujer de José María, Maristami, que tenía una peluquería nos diera un repaso. Y así fue, nos dejó muy guapos, muy limpios y muy aseados. Ya habían pasado casi cuatro meses sin cortarnos el pelo, y llevábamos desde hace dos meses pensando en cortárnoslo. Salimos de Quito dirección Santo Domingo de los Colorados para continuar y descender hacia Perú por la costa ecuatoriana. En Santo Domingo nos quedamos en casa de la madre de Maristami. Una familia muy simpática que nos acogió, en su casa dónde vivían también siete sobrinos de Maristami y su hermana. Éramos una gran familia. En Santo Domingo sólo pasamos la noche, al día siguiente partimos hacia Manta, ciudad básicamente industrial y pesquera situada en la costa.
 

Allí nos esperaba de encargada en un hotel otra hermana de Maristami, Gisele, pero ese hotel se salía de nuestro presupuesto y fuimos a otro que nos costó 6 dólares, aproximadamente 1.000 pesetas, unos 6 euros. Aunque el alojamiento estaba frente a la playa esa zona estaba algo abandonada y no era muy bonita. La parte más bonita estaba al otro lado, playa Murciélagos. Desde Manta comenzamos a bajar por la costa. Nos detuvimos un par de días en Puerto López, un pequeño y acogedor pueblo dónde se puede disfrutar de los recursos del Parque Nacional Machalilla. Una de las principales actividades que se realizan en este pueblo es el avistamiento de las ballenas jorobadas de la Antártica durante los meses de Junio a Octubre.
 

La Isla de la Plata en muchos libros la describen física y biológicamente muy similar a las Islas Galápagos. Alrededor de la Isla, se puede observar mamíferos marinos como ballenas, delfines y lobos marinos. La llaman la "Galápagos de los Mochileros". Aprovechamos nuestra estancia allí para visitar la Isla. Por visitarla debíamos pagar 25 $ US por persona, casi 5.000 pesetas, a lo que había que sumar la actividad que nosotros íbamos a desarrollar en la isla, el submarinismo. Nos dirigimos a la municipalidad, y tras hablar con algún responsable de turismo y del Parque Nacional, conseguimos la entrada libre al Parque, poco a poco en el viaje íbamos arañando algunos dólares. Aunque el agua estaba bastante más fría que la última vez que muy buceamos, que fue en Costa Rica, pudimos disfrutar de una abundancia y variedad de especies marinas interesantes, aunque no pudimos ver ballenas porque nos encontramos fuera de la temporada.
 

Al regreso de la Isla lo primero que queríamos era pegarnos una ducha, y al llegar a las cabañas dónde estábamos no pudimos ducharnos porque continuamente se cortaba la luz, no teníamos ni luz ni agua caliente. Preguntamos a la gente de por allí y nos dijeron que los que cortaban la luz eran los contrabandistas, y nosotros como muchas otras veces no nos lo podíamos creer. Pero viajar una temporada a través de algunos países, hace que acabes asimilando y creyéndote todo. Puerto López es un lugar en el que merece la pena pasar un par de días. Continuando la costa hacia abajo pasamos por un montón de pueblecitos bonitos. Estos estaban repletos de cabañas y bungalow para los numerosos turistas que visitaban aquellas zonas. Nosotros paramos a desayunar algo en Montañita. Es uno de esos pueblecitos, lleno de viajeros, mochileros y de gente de todas partes que llegan allí para practicar surf, entre otras cosas, y disfrutar del buen ambiente que hay. Debíamos continuar por la costa y no se nos debía hacer muy tarde, ya que teníamos que llegar a la ciudad de Guayaquil, dónde nos esperaba la familia de Jim Delgado, un amiguete aficionado a las motos con el que contactamos a través de Internet. Jim es un ecuatoriano que estaba en E.E.U.U., pero toda su familia se encontraba en Guayaquil por lo que nos invitó a acercarnos a su casa.
 

Antes de llegar a Guayaquil hicimos una parada en Salinas. Allí comimos algo en la playa y descansamos un tiempo. La localidad es similar a lo que puede ser cualquier zona pequeña de la costa levantina. Conocimos a dos simpáticas y guapas gemelas argentinas con las que estuvimos charlando un buen rato. Nos comentaron que había un español que tenía un bar allí y nos invitaron a quedarnos un día. Nos hubiese gustado quedarnos en Salinas un día por lo menos, pero la familia de Jim nos esperaba en Guayaquil ese mismo día, y aunque la oferta era tentadora debíamos continuar. Y digo "debíamos", porque aunque no os lo creáis en el viaje también hay que cumplir una serie de obligaciones, es muy dura la vida del viajero, continuamente decidiendo donde comemos, donde paramos a dormir, a que discoteca vamos... Nos habían comentado, varias personas, que la ciudad de Guayaquil era muy peligrosa, así que como siempre, nosotros entramos totalmente despistados con las motos y de noche. Conseguimos contactar con Dani, el hermano de Jim, que nos vino a buscar y nos condujo a su casa.
 

Allí conocimos a sus padres, a su hermana y al marido de esta. Todos nos trataron estupendamente desde que llegamos. Su madre nos preparó un buen plato de fruta nada más llegar y seguidamente Dani nos llevó en su coche a dar una vuelta por Guayaquil. Quedamos con algunos amigos de Dani, y estuvimos por el Cerro, desde dónde se divisa todo el malecón, y luego cenamos algo en el malecón. Las cosas ya empezaban a torcerse, nosotros estábamos cansados y debíamos acostarnos pronto, pero mientras cenábamos ya se hacían planes de dónde íbamos ir luego a tomar algo.
 

Como siempre que conocemos a alguien nos liamos. Nos pegamos una duchita y fuimos a tomar unas cervecitas a un sitio. La noche no podía acabar peor, porque después fuimos a una barra libre en una discoteca, y todos sabemos como acaban esas barras libres. Bueno, esta terminó algo distinta, ya que cuando volvíamos en el Defender para dejar en casa a los amigos de Dani, la policía nos paró. No sirvió de nada hablar con ellos y se llevaron a Dani para hacerle la prueba del alcohol, porque decían que estaba conduciendo bebido. Tuvo que ponerse al volante del Defender Jose, ya que al principio se puso una amiga de Dani, y a esta situación tan delicada añadirle una mujer al volante era demasiado, salíamos en tercera y sin luces casi hasta la comisaría. Unánimemente decidimos cambiar de piloto, y fue cuando Jose se puso al volante.
 

Esperamos un tiempo en la comisaría de policía y nada, el control dió negativo, dimos una vuelta para dejar a las amigas de Dani en sus respectivas casas y nos fuimos a casa porque ya era algo tarde. Una anécdota para contar. En Guayaquil yo debía comprar una rueda trasera para la África Twin, porque no la encontré en Colombia, ni en Quito y no creía que me iba a aguantar hasta Lima ( Perú ). Esa mañana tras visitar los principales lugares encontramos, por suerte, una que por lo menos era la medida correcta, aunque no el neumático que buscábamos, pero no nos quedó más remedio que llevarla porque no había otra cosa, una "Vee Ruber tailadesa", casi na. Ya con rueda y todo, fuimos a dar una vuelta por la ciudad con Dani. Al regresar a casa, mientras cenábamos, comentaron que al día siguiente había censo nacional en Ecuador. Eso quería decir que todos los comercios deben estar cerrados y que nadie podía estar en la calle. Todo el mundo debía permanecer es sus casas esperando a ser censados. Era lógico pensar que el censo no nos debía afectar a nosotros, pero preguntamos a la policía. No nos gustó mucho que nos dijese que hasta el día siguiente no podríamos irnos, ya que nadie podía circular en Ecuador ese día. Pedimos a la policía que nos escoltasen hasta el INEC ( Instituto Nacional de Estadística y Censo ), donde plantear nuestro problema e intentar que nos diesen una solución. Así fue, una patrulla de la policía nos escoltó hasta el INEC. Todas las calles estaban completamente vacías, no había ni un vehículo en las calles ni una sola persona. Parecía que habían evacuado la ciudad por completo. Sólo se veían las patrullas de la policía y los militares que vigilaban las calles para que nadie saliese de sus casas.
 

Ya en el INEC, planteamos nuestro problema y les mostramos la acreditación de prensa que llevamos. Con ello, nos entregaron dos salvoconductos, con los que podríamos circular libremente, y que debíamos enseñar en los controles a cualquier agente que nos detuviese. Como estaba planeado pudimos continuar la travesía dirección Perú. Circulamos con las motos solos por la ciudad, una de las principales ciudades de Ecuador con más de dos millones de habitantes. Toda la ciudad y toda la carretera para nosotros, ya que no nos cruzamos con ningún coche hasta llegar a la frontera con Perú. Unos 300 kilómetros solos por la carretera. Sólo nos detuvieron dos o tres veces, sacábamos el papelito ese que decía "salvoconducto" y continuábamos. En Ecuador estuvimos diez días, y durante ese tiempo recorrimos unos 1.800 kilómetros. Nosotros bajamos bordeando la costa pero existía la opción también de bajar por el centro, por las montañas y volcanes. Encontramos Ecuador algo barato, aunque hace pocos años, antes de la dolarización, estaba como seis o siete veces más barato, donde alojarte en un hostal normal te podía costar como 300 pesetas, y almorzar como 100 pesetas o poco más.