Brasil

     
 

En la frontera tardamos dos horas para realizar los trámites, la persona que nos atiende no tiene ni idea de lo que tenía que hacer y además por primera vez en el viaje tenemos ciertos problemas para entendernos. La visión de las cataratas desde Brasil es más panorámica ya que las cataratas están en frente tuyo, se tarda menos en visitarlas pero nos parecieron igual de espectaculares que desde el lado argentino. En Brasil es curioso te hablan en portugués y más o menos tu entiendes y respondes en español y más o menos te entienden.

Pusimos rumbo a la costa brasileña y llegamos a Curitiba donde pasamos la noche en un youth hostel en una habitación con 16 camas para nosotros solos. Por fin llegamos a la costa brasileña, en Playa Brava decidimos pegarnos un homenaje y nos quedamos en un hotel en la playa con unas vistas espectaculares de la arena blanca y el agua cristalina. Después de una gozada de mañana en la playa nos dirigimos a nuestro siguiente destino, la península de Florianópolis conectada al continente por un puente. Desde playa Brava fuimos recorriendo la carretera costera “interpraias”, los últimos 80 kms. los hicimos a 60 km/h ya que los rodamientos delanteros de la Africa habían dicho basta después de 100.000 kms. de vida. En Florianópolis, por los pelos ya que era viernes por la tarde, conseguimos en un taller de Honda instalar unos rodamientos de una 125 cc. Dedicamos los dos siguientes días a visitar la isla; menudo calor, menuda gozada de playas surferas y lo mejor, menudas tías con unos bikinis de infarto!!!.

En la puerta de un supermercado donde íbamos a comprar provisiones conocimos a Nildo, era el dueño, se nos acercó y nos comentó que tenía una Africa Twin idéntica que la de Jaime. Después de charlar con él un rato nos invitó a su casa, al lado de la playa y con una piscina, tardamos segundos en estar dentro del agua. Nos presentó a su mujer Lucía, quien nos recibió con una merienda tipo banquete que nos tumbó. Aunque la idea inicial era seguir ruta, la increíble hospitalidad de esta familia y su amabilidad hizo que no les costara mucho convencernos para pasar la noche con ellos. Como siempre durante todo el viaje nos íbamos encontrando gente que nos trataba como a su familia. El último día en la isla, visitamos la Laguna Concençao, playa Mole, playa Campeche... Aunque ya está dicho antes, MENUDAS MUJERES!!!, se nos hizo muy difícil abandonar la isla.

Nuestros dos últimos días en Brasil los dedicamos a recorrer la sierra interior, nos la habían recomendado y mereció la pena. Carreteras con buen asfalto, curvitas, paisajes preciosos y poco tráfico, hacía tiempo que no disfrutábamos tanto de la conducción. Desde el mirador de Serra do Rio do Rastro, las vistas de la carretera serpenteando en subida y las montañas eran espectaculares. El parecido de estos paisajes y de sus pueblos, Granado y Canela, con Centro Europa era muy claro, la influencia de colonizaciones anteriores se notaba. La devaluación del Real brasileño hace unos años nos permitía disfrutar de un bufett de ensalada y toda la carne que quisiéramos por la ridícula cantidad de 500 pesetas!!! Evidentemente cayeron unos cuantos bufetts durante nuestra estancia en Brasil. Llegando a la frontera con Uruguay se nos complicó un poco la situación, empezó a llover fuerte, nos pilló la noche y lo peor es q era un tramo de casi 80 kms. sin gasolinera. Para complicar más la situación se fue la luz en la zona y casi nos pasamos la gasolinera que ni se veía. El chico nos dice que no hay luz y que no puede servirnos, cuando ya nos veíamos montando la tienda en medio de la tormenta aparece el encargado y nos sirve gasolina manualmente y a manivela. Por fin, y bien entrada la noche, llegamos a un pequeño pueblo fronterizo donde pasamos la noche.