Bolivia

     
 

La frontera de Bolivia la pasamos rápido y sin problemas. Durante todo el recorrido por la península que entra en el lago seguimos disfrutando de unos paisajes preciosos. Con un ferry bastante cutre cruzamos el estrecho de Tiquina para después llegar a la capital de Bolivia, La Paz, la capital más alta del mundo (3.600-4.000 metros). La población de Bolivia tiene una mayor proporción de gente indígena que el resto de países suramericanos por los que habíamos pasado.

   El día que visitamos la ciudad no empezó muy bien, al intentar sacar dinero de un cajero se nos quedó la tarjeta y al ser sábado no podíamos recuperarla hasta el lunes. Como no queríamos esperar tanto anulamos la tarjeta. A partir de aquí y hasta Santiago de Chile, sólo nos quedaba una tarjeta operativa de las 5 o 6 con las que empezamos el viaje. A Santiago, Dani Santos, un amigo de Jaime, nos traería tarjetas de crédito, dólares y repuestos de las motos para la el resto del viaje. La Plaza Central de La Paz, Plaza Murillo, está rodeada por la Catedral, el Congreso y el Palacio Presidencial y al ser sábado estaba llena de mucha gente y multitud de puestos de venta ambulante. En La Paz se puede comprar prácticamente de todo en estos puestos de la calle. Fue muy interesante pasear por las calles y ver a mucha gente indígena vestida con sus ropas típicas de gran colorido y sus curiosos sombreros. Al día siguiente antes de salir hacia el sur queríamos subir al nevado Chacaltaya. Jaime no se encontraba recuperado del todo de la fiebre del día anterior y prefirió quedarse en la cama. Al salir de la ciudad me pilló un atasco y estuve casi parado, hice 600 metros en 45 minutos. Por fin conseguí encontrar la carretera hacia el nevado, enseguida el asfalto desaparece y comienza una pista que rápidamente va ganando altura. Los paisajes únicos se van sucediendo, lagos de agua cristalina y enormes picos nevados.

Al llegar aproximadamente a 5.100 metros la moto perdió la potencia por completo y era imposible seguir por la ahora nevada pista. Solo quedaban unos 300 metros para llegar al final, después de varios intentos conseguí llegar hasta el final de la pista, estaba a una altura de 5.300 metros con la moto. Cualquier esfuerzo que se hace a estas alturas se torna mucho más duro y el empujar la moto por la nieve me había dejado roto y exhausto. En lo alto había pequeño bar donde aproveché para tomar un café y entrar en calor porque estaba congelado. Allí me encontré con dos familias de españoles que trabajaban en la embajada, alucinaron bastante cuando vieron la matrícula de España en la moto. Se estaba haciendo tarde y Jaime me estaba esperando en La Paz así que me despedí de ellos y de vuelta a la capital. Todavía quedaban 200 kilómetros hasta la ciudad de Oruro donde íbamos a pasar la noche.

Desde Oruro hasta el Salar de Uyuni restan 350 kms. y queríamos hacerlo en un día. Los primeros 125 fueron de asfalto en buen estado pero los restantes 225 eran de pista, parte de ella estaba en un estado lamentable. Dura ruta pero espectacular. Casi anocheciendo llegamos a Colchani, pequeño pueblo en la entrada del Salar. En un hotel que estaban construyendo totalmente de sal, el dueño nos deja poner la tienda de campaña dentro, era alucinante, hasta las camas estaban hechas de sal. Nos comentan que hace un par de días que está lloviendo y que hay bastante agua en el Salar. Vaya!!!, después de tanto correr para evitar las lluvias y nos pillan por tres días. La época de lluvia estaba comenzando y era la última oportunidad de esta temporada para cruzar el Salar con las motos. Cruzar el Salar fue lo más auténtico de todo el viaje. Circular durante horas a 30 km/h sobre 10 cms. de agua fue una sensación indescriptible, era como navegar con una moto por encima de un lago. Ibamos conduciendo con los pies apoyados sobre las defensas de la moto y aún así las botas estaban totalmente llenas de agua, ya no cabía más. Como no teníamos GPS teníamos que ir tomando como referencia los 4x4 que iban haciendo esta ruta porque sino era imposible orientarse, distinguir la línea donde acaba el Salar y empezaba el cielo era complicado.

Paramos en la Isla de Pescado, a estas alturas ya estabamos totalmente empapados y cubiertos de sal tanto las motos como nosotros. Aprovechamos esta parada para hacernos unos sándwichs y coger fuerzas para lo que nos esperaba. Pensábamos que nos quedarían 2 o 3 horas para llegar a San Juan, gran error, nos llevó seis horas llegar allí. Salimos de la Isla de Pescado, de vuelta en las motos rodamos a 20-30 km/h durante 120 kms, cada vez había más agua y por momentos nos poníamos nerviosos, no se veía el final del Salar y las motos empezaban a tener algunos problemillas eléctricos. Para poder ver algo llevábamos el casco abierto, el problema es que todo el agua que saltaba de la rueda delantera nos daba en la cara y con tanta sal los ojos escocían y picaban.

Aunque la situación se iba complicando seguíamos alucinando con los espectaculares paisajes que nos rodeaban, parecía que estabamos en otro planeta. La sensación más rara era el poder conducir con los ojos cerrados ya que la superficie era totalmente plana. De repente la profundidad aumenta a 20 cms, la situación se pone fea porque no sabemos cuando llegaremos al final. Vemos un grupo de 4x4 sobre un brazo de sal que, emerge del agua y parece ser es por donde se sale hacia tierra firme. Paramos para hablar con ellos y que nos den indicaciones. Alucinan con nosotros y no paran de hacernos fotos con las motos y nuestras caras totalmente llenas de sal. Por fin; ha sido una experiencia única pero hay que reconocer que hubo momentos de no saber como íbamos a salir de allí.

Pensábamos que la aventura había acabado y que San Juan estaría cerca, preguntamos a un guía y nos dice que por lo menos 2 horas porque la pista está fatal y que tengamos cuidado. Fueron 2 horas de lluvia intensa, ríos desbordados, auténticos barrizales y encima se nos hizo de noche, tuvimos 3 o 4 caídas a escasa velocidad, teníamos que levantar las pesadas motos entre los dos. Por fin, exhaustos y realmente rotos llegamos a San Juan, había sido una etapa de 180 kms. en nueve horas de moto desde Colchani. Al día siguiente nos costó ponernos en ruta después de la paliza del día anterior. Gente del pueblo nos explica la ruta que debemos seguir para llegar a la Laguna Colorada. Al llegar a un Salar intentamos rodearlo por la cantidad de barro que había. Al final después de 2 horas llegamos a una pequeña aldea de 4 habitantes y preguntamos, nos comentan que nos hemos desviado de la ruta y que estamos al lado de la frontera chilena. Decidimos entrar en Chile y mañana volver a pasar a Bolivia, después de ir por un auténtico pedregal de pista llegamos a un camino de tierra en perfecto estado y nos imaginamos que ya estamos en Chile. En medio de un vendaval llegamos a Ollagüe, un tristísimo pueblo a 3.700 metros de altura y rodeado de doce volcanes de más de 5.000 metros. Vamos directamente a la comisaría para reportar que hemos entrado ilegalmente y arreglar los papeles. Del sitio donde dormimos sólo comentar que era un auténtico agujero y con agua fría, con este frío quien se mete debajo de un chorro gélido. Pasamos una noche infernal, un viento y unas temperaturas bajísimas hicieron que no pegáramos ojo.

Teníamos intención de volver a entrar a Bolivia por un paso ilegal que estaba más al sur, pero para ello teníamos que encontrar gasolina porque sino sería imposible. Preguntamos por el pueblo y nadie tenía gasolina para vendernos. En ruta hacia al sur preguntamos en un par de sitios más y nada, a punto de quedarnos sin gasolina en medio de la nada, llegamos a la Estación San Pedro y allí hubo suerte. Era un campamento habilitado para construir una carretera, allí nos presentaron al jefe que estaba comiendo y rápidamente nos invitó a compartir mesa con todos los trabajadores. Comida calentita, que con el frío que llevábamos encima entró sola. Por si fuera poco nos regalaron los 20 litros de gasolina que necesitábamos para continuar. Realmente el primer contacto con los chilenos no podía haber sido mejor. Desde allí partía la pista que nos llevaría de vuelta a Bolivia, después de haber recorrido 50 kms. nos da el alto una patrulla de carabineros. Nos dicen que es imposible que sigamos por esa pista, dicen que no hay paso habilitado y que es la ruta utilizada por contrabandistas. Después de un buen rato de charla les convezco para que nos dejen seguir y comentan que si alguien nos ve que digamos que no habíamos hablado con ellos.

Tuvimos serios problemas para pasar la enorme zanja que separaba Chile de Bolivia. Intentamos pasar por un sitio un poco más fácil y a punto estuvimos de tener que pasar la noche acampados allí. La Africa se quedó y no podíamos sacarla entre los dos, desmontamos las maletas y por fin pasamos, ya estamos en Bolivia otra vez !!! Pronto encontramos la anchísima pista de 300 metros que nos llevaría hasta la increíble Laguna Colorada. Los paisajes eran realmente espectaculares y después de pasar por el Arbol de Piedra llegamos a la Laguna. Está situada a 4.300 metros y de entre sus aguas rojas destacaban una gran cantidad de flamencos. En cuanto cae el sol, el frío y el viento hacen que la temperatura baje de los cero grados. Una familia que habitaba en la Reserva nos invitó a comer algo en su pequeña casa, lo curioso fue que solo comimos nosotros. Lo pasamos increíble y alucinaban al verse en las fotos digitales que les acabamos de hacer. Ya solo quedaba un día para llegar a San Pedro de Atacama. Antes de partir, nos acercamos a fotografiar la espectacular Laguna Colorada, los picos nevados, sus aguas rojas, los flamencos, el paisaje hizo que nos costara ponernos en ruta.

De camino a la Laguna Verde pasamos por los géisers que no paraban de escupir lodo y barro. Atravesamos la desolada y surrealista Laguna Salada en la Pampa de Chalviri a una altura de 4.800 metros. Allí nos paramos y mientras disfrutamos de los paisajes y las vistas nos hacemos unos bocatas. Lo mejor estaba por llegar y un poco más adelante nos detenemos para disfrutar durante una hora de las Aguas Termales. A 4.000 metros y rodeados de picos nevados era una auténtica pasada estar pegándonos un bañito en aguas a 30 grados, que emrgían del suelo. No tardamos ni un minuto en quitarnos la ropa y saltar dentro.

Totalmente relajados y de vuelta en las motos, atravesamos un paso a una altura de 5.000 metros e iniciamos el descenso a las increíbles aguas verdes esmeraldas de la Laguna Verde (4.400 metros) a los pies del volcán Licáncabur. Rodeando la Laguna llegamos al puesto fronterizo para salir de Bolivia. Con muchísima pena y habiendo disfrutado de los mejores tres días en moto de toda nuestra vida llegamos a Chile. Solo 45 kms. nos separaban de la ciudad de San Pedro de Atacama, una pequeña ciudad con aire Indio-Español y que atrae gran número de turistas.