Panamá

     
 

Entramos en Panamá por el paso fronterizo de Canoas, esta seria nuestra última pesadilla de frontera en Centroamérica. En este caso pagamos 6 $ USA por persona y moto, pagamos por una fumigación que ni si quiera nos hicieron. En Panamá la moneda con la que se comercia es el dólar americano. Cruzamos Panamá hasta llegar a la ciudad de Panamá en un par de días. Solo nos desviamos en la península Azuera, donde hicimos un recorrido de unos 200 km. La ruta por la península fue muy interesante, el tráfico era inexistente y pudimos visitar la surfista playa Venado.

   En la ciudad de Panamá Sandra nos acogió en su casa. Es amiga de Ehitel, nuestro anfitrión en Mexico D.F. Profesora de arte en una escuela internacional, Sandra nos trato muy bien y pasamos unos días bastante graciosos. Como no teníamos un sitio donde dejar las motos, preguntamos en un hotel cerca de casa de Sandra. Como en otras ocasiones durante el viaje nos sonrío la suerte, el dueño era gallego y nos dejó aparcar las motos en el hotel durante el fin de semana. La capital de Panamá es muy diferente al resto de capitales que anteriormente habíamos visitado. Los edificios de 30 o 40 plantas situados alrededor de la bahía destacan dentro los barrios residenciales. Era como estar en " Benidorm" pero en otro continente. Llegamos un viernes por la noche y tuvimos que esperar hasta el lunes para gestionar el envío de las motos en avión a Colombia.

Durante el fin de semana aprovechamos para conocer la ciudad de Panamá y el canal. Coincidió que ese fin de semana era la celebración anual de la independencia de Panamá y la ciudad estaba tomada por los desfiles. El domingo hicimos una excursión que estuvo genial a Colón y Portobello, en solo dos horas pasamos de la costa del Pacífico a la costa atlántica. El lunes tras despedirnos de Sandra nos dirigimos al aeropuerto para gestionar el envío en avión de las motos a Colombia. En la terminal de carga fuimos directamente a la compañía Girag, de la que teníamos buenas referencias. Nos comentaron que posiblemente las motos pudieran volar esa misma noche a Bogotá. Lo único que tuvimos que hacer fue desmontar los retrovisores y la cúpula y pagar los 250 $ USA por cada moto. En la terminal de carga conocimos a Doro y a Tom, unos simpáticos alemanes que llevan viajando tres años por todo el mundo en una Suzuki 650. Las tres motos viajaron en el mismo avión, y quedamos con ellos en vernos en Bogotá.

Teníamos un pequeño problema, la terminal de carga estaba a 20 km del aeropuerto y las motos ya se quedaban allí. Acabamos en la parte de atrás de una furgoneta machacada con unos panameños que nos acercaron a la terminal. Ya en el aeropuerto, nos sacamos unos billetes para volar a las seis de la tarde hacia Bogotá. Increíblemente todo nos salió perfecto y ya teníamos todo arreglado para continuar la aventura a través de América del Sur. Nos esperaba Colombia. Estabamos algo nerviosos porque todo el mundo nos recomendaba no pasar por Colombia. La verdad es que el elevado índice de secuestros y asesinatos que se estaban dando en el país y la situación con la guerrilla no hacían muy aconsejable el paso por Colombia.